IA, emociones y liderazgo: el gran cambio no será tecnológico, sino humano

 

IA cambio humano

La inteligencia artificial transformará la empresa no solo desde el punto de vista tecnológico, sino también psicológico. Aumentará la importancia de la inteligencia emocional, la gestión de la incertidumbre, el pensamiento crítico y el neuroliderazgo. Los líderes deberán centrarse menos en controlar procesos y más en generar confianza, desarrollar talento y ayudar a las personas a adaptarse al cambio.

Cuando se habla de inteligencia artificial en la empresa, la conversación suele ir siempre por el mismo camino: productividad, automatización, eficiencia, reducción de costes...

Es lógico, son beneficios muy visibles. Sin embargo, tengo la sensación de que estamos mirando el escaparate y no lo que ocurre dentro de la tienda.

Después de muchos años trabajando con empresas, he visto implantar ERPs, CRM, herramientas de análisis de datos, metodologías de calidad y no sé cuántas iniciativas de transformación. Casi todas prometían cambiar la organización. Algunas lo consiguieron. Otras apenas dejaron huella ( y a veces hasta negativa).

Pero todas tenían algo en común. La dificultad nunca estaba en la tecnología, siempre estaba en las personas.

Con la inteligencia artificial ocurrirá exactamente lo mismo. O quizá sea aún más intenso, porque esta vez no solo cambia la herramienta, cambia nuestra relación con el conocimiento, con el trabajo y, en cierto modo, con nosotros mismos.

Creo que ese será el verdadero punto de inflexión: el cambio no será tecnológico, será humano.

De hecho, ya estamos viendo algunos indicios de esta transformación. En otro artículo analicé cómo la neurociencia puede ayudar a crear equipos más resilientes y productivos, una capacidad que será todavía más necesaria en un entorno dominado por la inteligencia artificial.

Ya no faltará información. Faltará criterio.

Hace veinte años dedicábamos buena parte del tiempo a buscar información. Hoy el problema es casi el contrario: tenemos tanta que resulta difícil distinguir lo importante de lo accesorio, y la IA va a multiplicar esa sensación.

Le podemos pedir a la IA un informe financiero, un plan comercial o una estrategia de marketing, y en unos segundos aparecerán varias propuestas perfectamente razonables. Pero entonces llegará la parte interesante, ¿con cuál propuesta nos quedamos?

Hace poco preparaba una conferencia y decidí hacer un pequeño experimento. Pedí la misma pregunta a distintas herramientas de inteligencia artificial. Ninguna respondió mal, de hecho, todas respondieron bastante bien. El problema era que cada una proponía un enfoque diferente. ¿Qué hice? Al final terminé haciendo lo que llevo haciendo desde que empecé como consultor: leer, comparar, descartar, volver a pensar... y decidir.

En ese momento entendí algo que luego he ido confirmando. La inteligencia artificial puede acelerar el análisis, pero el criterio, al menos de momento, sigue siendo profundamente humano.

Y sospecho que el criterio humano cada vez valdrá más (o eso espero). 

Este fenómeno conecta con otro aspecto que ya comenté en el artículo sobre cómo tomar mejores decisiones empresariales mediante la neurociencia y el neuroliderazgo. Porque disponer de más información no garantiza decidir mejor. En muchas ocasiones sucede exactamente lo contrario. 

El propio MIT Sloan Management Review lleva tiempo analizando cómo la IA cambia la toma de decisiones en las organizaciones. 

La inteligencia artificial puede acelerar el análisis, pero el criterio, al menos de momento, sigue siendo profundamente humano.

Las emociones no desaparecerán, cambiarán de forma.

Hay quien imagina empresas casi completamente automatizadas donde las emociones pasarán a un segundo plano. No lo creo. Es más, pienso que sucederá exactamente lo contrario.

Cada vez que una persona siente que pierde el control, sea en lo que sea, aparecen preguntas muy parecidas:

¿Y ahora qué?

¿Seguiré siendo necesario?

¿Seré capaz de aprender todo esto?

Son preguntas muy humanas y no son preguntas nuevas. Las escuché hace años cuando llegaron los primeros grandes procesos de digitalización y vuelvo a escucharlas ahora con la inteligencia artificial.

Conviene aquí no olvidar que la tecnología cambia, pero el cerebro humano cambia bastante menos, en la forma en que ve y procesa el mundo, los temores son los mismos. 

Desde la neurociencia sabemos que cuando percibimos una amenaza disminuye nuestra capacidad para innovar, prestar atención o tomar buenas decisiones. No es porque seamos poco profesionales, es simplemente la forma en que funciona nuestro cerebro.

La American Psychological Association (APA) también advierte de que la incertidumbre prolongada aumenta significativamente los niveles de estrés y ansiedad en el trabajo. 

Por eso las empresas que entiendan las emociones tendrán una ventaja silenciosa, pero enorme, porque podrán gestionar el cambio sin convertirlo en una fuente permanente de ansiedad.

El liderazgo dejará de medirse por las respuestas

Creo que aquí veremos uno de los cambios más interesantes.

Durante mucho tiempo esperábamos que un buen directivo tuviera respuestas para casi todo. Cada vez estoy menos convencido de que esa sea su función. Con la inteligencia artificial, sabemos que obtener respuestas será relativamente sencillo. Lo realmente difícil será formular las preguntas adecuadas. Sobre todo, ayudar a un equipo a no perder la calma cuando ninguna respuesta sea completamente satisfactoria.

Precisamente esta evolución encaja muy bien con el concepto de Neuroliderazgo Estoico, donde el papel del líder deja de ser controlar para centrarse en generar claridad, confianza y criterio. 

He conocido directivos técnicamente brillantes que bloqueaban a toda la organización, y otros, quizá menos espectaculares desde el punto de vista técnico, que conseguían algo mucho más valioso: hacer que la gente quisiera dar lo mejor de sí.

No hay algoritmo capaz de sustituir eso. Al menos, todavía. 

Una reflexión para terminar

Dentro de diez años probablemente todas las empresas utilizarán inteligencia artificial como ya usamos cualquier otra herramienta de Internet. Por lo tanto, dejará de ser una ventaja competitiva para pasar a ser simplemente lo normal.

¿Dónde estará la diferencia entonces? La diferencia estará:

  • En la calidad de las conversaciones.
  • En la confianza que exista entre las personas.
  • En la capacidad para mantener el pensamiento crítico cuando las máquinas parezcan tener siempre la respuesta.
  • Y también, esto me parece importante, en conservar cierta curiosidad.

Porque quizá la mayor amenaza de la inteligencia artificial no sea que piense por nosotros, sino que dejemos de hacerlo nosotros mismos.

La mayor amenaza de la inteligencia artificial no es que piense por nosotros, sino que dejemos de hacerlo nosotros mismos.

Si eso ocurriera, el problema nunca habría sido la tecnología. Habría sido nuestra renuncia a seguir siendo profundamente humanos.

Hasta pronto

PD: Si quieres profundizar, los temas que trato en este blog los desarrollo con más detalle en mis libros sobre neurociencia aplicada a la empresa, donde explico cómo funciona el cerebro en el marketing, las ventas, las finanzas y el liderazgo. Y sobre todo, su aplicación práctica.

📘 Neurociencia Empresarial

📗 Vender más sin forzar

📙 Neuroliderazgo Estoico

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